Como seres sociales que somos, la comunicación es la base de nuestro lenguaje. La humanidad avanza y la interacción virtual es un modo rutinario de entablar conversaciones con un lenguaje no verbal. Hemos complementado los escritos con emojis y emoticones que le dan un matiz más emocional a los wasap, correos electrónicos y web. De esta forma los chats son más expresivos, coloridos e informales.
En una palabra, hemos comenzado a utilizar los símbolos, denominados emojis. Tienen su origen en Japón, ya que en 1997 surgieron en los teléfonos móviles, incrustados en el texto, así como en las páginas web y en los correos electrónicos. En 1999 se editaron los primeros en color con símbolos de la cultura nipona. En la década de 2010 se hicieron populares en todo el mundo y en la actualidad es parte fundamental en las redes sociales.
Ahora bien, según el usuario pueden tener diversos significados, incluso en Estados Unidos se utilizan para emitir órdenes o para recursos judiciales. Etimológicamente “emoji” es un vocablo japonés, que significa “dibujo o imagen”. En castellano se pronuncia “emoyi” y forma parte del Diccionario de la lengua española. No es lo mismo emoticones, que están formados por signos de puntuación, que emojis (imágenes que se intercalan en los textos o van solos). En la actualidad ya no es necesario depender de Japón para utilizarlos ya que se encuentran en whatsApp, Messenger, Gmail, Google, Twitter, Apple, Instagram, Facebook, Android o ¡Phone. El Consorcio Unicode se preocupa de su regulación, sacando cada cierto tiempo nuevos símbolos mejor confeccionados. A partir de la serie británica “Adolescencia”, obligatoria en los colegios, los emojis han adquirido mayor preponderancia por el lenguaje secreto utilizado en el asesinato de una niña. Los gráficos son capaces de sustituir una palabra, incluso una frase. Tienen más poder emocional que los textos.
Por desgracia, en la actualidad utilizamos los emojis para expresar con imágenes lo que no queremos, no nos atrevemos o nos da pereza decirlo con palabras. Esta actitud nos muestra que cada día utilizamos más los emojis y nos estamos olvidando de expresar nuestros sentimientos con palabras. ¿Por qué decimos “te quiero” con un corazón y no con letras?
Los emojis tienen su perfil contradictorio, por ejemplo, mostrar y declarar nuestro enamoramiento sin sonrojarnos, besar o hacer el amor sin contacto, llorar sin lágrimas o mostrar odio y rencor sin inmutarnos. Pero también tiene la cruz de una moneda, ya que trae de cabeza a padres, profesores y entorno social. Emojis con escenas violentas de sexo, drogas y acoso a compañeros corren por las redes sociales con códigos secretos que escapan a la comprensión de los adultos. Detrás de esos mensajes o stickers, aparentemente inocentes, se aprecian significados ocultos e indescifrables que pueden dañar a la juventud. Los adultos vemos caritas sonrientes, manos limpias, berenjenas, melocotones, llamas de fuego, etc. cuando detrás llevan implícitas, a veces, escenas sexuales, conversaciones “hot”, sexting o actitudes de violencia misógena entre adolescentes. Entre los jóvenes existe un verdadero diccionario de emojis con cientos de significados que se intercambian entre ellos.
En suma, no pretendo juzgar a esta nueva forma de conversación, pero nunca podremos igualar la comunicación presencial con la virtual, ya que los sentimientos se vulgarizan y dañan las relaciones interpersonales. Sin embargo tenemos que convivir con ambas, intentado buscar un maridaje perfecto entre jóvenes y adultos.
DN 16 de junio de 2025
Luis Landa

