
Basilisa Ayerra Zabalza, una centenaria de Asiáin que dio vida a cada uno de sus días
Decía el escritor Borges que “la vida es una muerte que va llegando día a día y la muerte una triste realidad con esperanzas de futuro”. Porque una jornada bien empleada produce un dulce sueño y una vida bien utilizada garantiza una plácida muerte. Basi vivió con autenticidad, ya que ejerció su libertad aprovechando las oportunidades que le dio la vida.
Basilisa Ayerra Zabalza nació el 15 de abril de 1924 en Asiáin, Cendea de Olza. Su padre Francisco (1879) siguió la tradición de carpintero de Casa Ayerra. Su madre, Josefa Zabalza, ejerció de pastora de la zona montañosa de Beorburu (Juslapeña) de la Merindad de Pamplona. Al casarse con Francisco tuvo que desplazarse hasta Asiáin y del matrimonio nacieron cinco hijas, Jesusa, Soledad, Jacoba, Basilisa y María.
Su padre Francisco, alegre, trabajador y gran lector, siempre tuvo una relación muy cercana con sus hijas; conversador en sus largas noches a la luz del fuego, mientras giraban el tambor de castañas. Los vecinos del pueblo bromeaban porque no había tenido “la hombría” de tener varones. Le decían: mejor era tirar las cinco al río Arakil; Francisco siempre respondía con humor: tira tú a las tuyas.
Su madre, Josefa, era reservada y el euskera su lengua materna, por lo que tuvo que adaptarse al castellano y sus gentes. Practicaba una economía de autoabastecimiento, propia de su casa natal del caserío. Elaboraba sus propios hilos de lino para convertirlos en puntillas, cuidaba de los animales, de la huerta y de las ropas de trabajo de toda la familia en azul y negro: camisas, pantalones, faldas y toquillas.
Basilisa de pequeña ya iba asimilando y practicando el trabajo diario de sus padres, aunque al ser la pequeña era considerada la mimada. Inteligente, sensible, perfeccionista, respetuosa. En Asiáin fue la mano derecha del maestro, de manera que en ocasiones le sustituía en la escuela unitaria de 80 alumnos. Recibió clases de armonía y participó en el coro parroquial y en toda actividad cultural del pueblo.

Basi conservó como un tesoro su cuaderno escolar de 1938, con letra cursiva a pluma y sin ningún borrón con 154 páginas sobre matemáticas, geografía, historia y reflexiones religiosas y morales. Se conservó soltera a pesar de las “ofertas” matrimoniales que recibió, “porque no quería alejarse de sus familia y, sobre todo, de sus sobrinos”.
La familia no disponía de recursos económicos y Basi no pudo estudiar magisterio y siguió la profesión de su hermana Soledad: modista, recibiendo clases de la creadora de corte y confección, doña Seve Urrutia. Casa Ayerra pasó de ser una carpintería a una concurrida escuela de modistas, atrayendo y dando vida a todas las mozas del entorno.
A su hermana Soledad se le quedó pequeña Casa Ayerra y se desplazó a la calle Dormitalería de Pamplona en 1960; más tarde viene Basi y el resto de la familia, dando vida al nuevo taller Basi-Ayerra.
A partir de la década de los 70 tiene espacio propio en Pamplona e inicia su andadura, de forma autodidacta, en la pintura al óleo con tablas de fotos familiares, paisajes y finalmente el retrato, así como el pirograbado o marquetería, pero no acostumbró a firmarlos.
Su sobrina Gloria Aguinaga la ha tenido a su lado durante 68 años y afirma: “Mi tía Basi ha sabido apreciar la vida, ha disfrutado del amor mutuo de la familia y ha podido dar rienda suelta a su creación artística. Han sido 102 años con la mente lúcida y el corazón abierto a los demás”.
Falleció el 28 de enero de 2026 a los 102 años en la residencia Landazábal El funeral celebrado en Asiáin fue una muestra palpable del cariño que despertó en su vida y que se rememora con la narración de numerosas vivencias. Sus sobrinas Alba y Juana mostraron, después de la misa, su afecto a través de sus decenas de anécdotas: “Sole y Basi, hermanas inseparables, las Zipi y Zape de la familia”; “La Gloria fue la hija que nunca tuvo, pero siempre estuvo”; “Basi era muy religiosa y participaba de la misa de la capilla de San Fermín por You Tube“; “El verano de 2024 fue el último en Asiáin, disfrutando con sus sobrinos en la huerta, en la orilla del río Arakil y de las comidas caseras al son de las melodías con la guitarra..
Esperemos que su añorada Casa Ayerra de Asiáin haya sido trasladada al cielo. Descanse en paz.
Agustín Alonso Domblás, una persona implicada por y para Estella-Lizarra
La vida es un largo caminar que cuando coges gusto por atravesar verdes praderas y algunos desiertos, te sorprende la muerte y no te permite dar más pasos. Sin embargo, la escritora chilena Isabel Allende afirmaba: “La muerte no existe, la persona solo muere cuando la olvidas; si me recuerdas siempre estaré contigo.” Y no le faltaba razón porque Agustín ha dejado tantos recuerdos entre familiares y amigos que nunca será olvidado.
Agustín Alonso Domblás, hijo de Lucio y Josefina, nació el 15 de diciembre de 1940 en Lerín, pueblo de su padre, aunque a los dos años se estableció en Estella, municipio de su madre. Era el menor de cinco hermanos: José, Joaquín, Fidencio y Antonio.
Desde pequeño aprendió a vender detrás del mostrador, ya que colaboraba con su madre Josefina en la tienda de ultramarinos en Estella, incluso se especializó en hacer churros juntamente con sus hermanos.
Estudió en las Escuelas Municipales y posteriormente en la Escuela de Artes y Oficios, sacando el título de Tornero ajustador. Pronto su profesor Ángel Allén vio sus cualidades y se lo llevó al taller que montó “Antenas Allén”. Casi toda su vida estuvo como montador de antenas y, más tarde, como viajante.
Con 18 años conoció a su futura esposa, María Santos Martínez y se casaron el 2 de mayo de 1964 en la iglesia de San Juan de Estella. Tuvieron cinco hijos, las gemelas Mª Elena y Mª Rosa, que fallecieron al poco de nacer, y Juan Andrés, Mª Rosa y Agustín. Tenía dos yernos Luis Burillo y Marily Hermoso de M., cuatro nietos y una nieta: Andrés, Daniel, Pablo, Eddy y Narnia.

Agustín era muy aficionado al fútbol, de manera que en 1973 ya entrenaba a un grupo con su amigo del alma Alfredo Martínez de Goñi. Fue directivo del Club deportivo Izarra de 1975 a 1980, volcándose día a día por la buena marcha del equipo estellés. Como decía el jugador Zidane: “La vida, como el deporte, consiste en compartir el esfuerzo y mirar hacia adelante. Al final encuentras la meta del triunfador y la medalla por la cual todos te recordarán”.
Vivió por y para Estella y siempre estaba pendiente de mejorar la calidad de vida de sus vecinos. Fue concejal de UPN por el ayuntamiento de Estella-Lizarra y colaboró con el Grupo municipal regionalista con las alcaldesas María José Bozal (1999-2003), María José Fernández (2003-2007) y Begoña Gómez (2011-15-19), sobre todo en las comisiones de educación, música, cultura, euskera, deporte y juventud.
Tras su jubilación, su hobby preferido era la marquetería, realizando muebles para sus nietos y pequeños joyeros para sus sobrinas.
Agustín era sobre todo un hombre de la calle, muy festero y disfrutaba de los eventos, de las tradiciones y de los festejos de Estella. Los chiquitos de vino con los amigos por la Navarrería y las cenas en la Sociedad de Los Llanos eran imprescindibles.
Como diría el escritor romano Publio Siro, “el ser humano va muriendo lentamente, conforme va perdiendo a cada uno de los suyos”, pero Agustín eligió hasta el día de su muerte, el tres de diciembre, fiesta de San Francisco Javier y patrón de Navarra.
El tanatorio y el funeral en la iglesia de San Miguel estuvieron repletos de compañeros, porque la familia Alonso-Martínez es muy apreciada en la Ciudad del Ega.
Nada mejor para finalizar que recordar una cita, atribuida a su tocayo San Agustín de Hipona: La muerte deja un dolor que nadie puede confortar, ya que el dolor es el precio que pagamos por el amor; el amor deja una herida que nadie puede sanar, porque la medida del amor es el amor sin medida. No preguntes cómo vivió, sino cómo amó. Descanse en paz.
Rosario Imas Imas, convertida en “casa de todos” en Los Arcos
“Si la muerte no fuera el anticipo de otra existencia, la vida sería una burla cruel”, decía el dirigente indio Gandhi. Porque si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida. Estas reflexiones nos sirven para glosar los sentimientos de Rosario, porque su recuerdo quedará para siempre.
Rosario Imas Imas nació en Los Arcos el 25 de enero de 1933; era hija de Juana y José, cuyos hermanos son Pedro Jesús casado con Inés, Francisco casado con Rosa Maryy Carlos, agustino recoleto. De niña sobresalió por su desparpajo y mostró sus cualidades en el colegio de las Hijas de la Caridad del pueblo. Hablaba en público sin rubor, hacía presentaciones, discursos y destacaba por su soltura en sus diversos papeles en las comedias.
Pronto despertó en ella el cariño por Teófilo Echeverría y a los 22 años contrajo matrimonio, el día 3 de septiembre de 1955. Rosario, Chari para sus vecinos, llevó una vida familiar intensa volcándose con su marido y con sus hijos José Ignacio, María Jesús, Luis, Carlos, Javier y Mónica y más tarde con sus yernos y nueras María Elena Sádaba, Fernando Gastón, Merche Nieto (fallecida), Marta Carrasco, Magdalena Sáinz y José Mary Ancín. Tenía 12 nietos y 4 bisnietos.
Su esposo Teófilo Echeverría Martínez falleció el 16 de abril de 1996, debido a un accidente en el viñedo con un rotovator. El fallecimiento tan inesperado y brusco supuso una gran pérdida para Chari.

Rosario, ante la adversidad se sobreponía, fue una persona muy viajera, no tenía pereza para coger la maleta y embarcarse para conocer otras tierras. Se desplazó cuatro veces a Estados Unidos, un viaje a Costa Rica y recorrió casi toda España con el Imserso. Le encantaba disfrutar de los balnearios, sobre todo, del de Fitero, donde hizo muchos amigos, tanto de dirección, como personal del centro e inquilinos.
En especial se trasladó en cinco ocasiones a Roma, su ciudad preferida. En una de las veces, recibió la comunión de manos del Papa San Juan Pablo II el día Jueves Santo en la Misa Crismal en la Basílica Vaticana, ante más de cien cardenales, trescientos obispos y mil quinientos sacerdotes.
Uno de sus hermanos es el padre Carlos, agustino recoleto y residente en la parroquia Santa Rita de Madrid, a quien le unía una relación muy especial. Al tener fray Carlos muchísimos compañeros agustinos, pasaban por casa de Chari en Los Arcos decenas de frailes a lo largo del año, así como amigos de su hijo Ignacio, que también se formó en los colegios agustinos. Por eso, decir Los Arcos, decir Chari es sinónimo de “la casa de todos”. Era un hogar cálido, hospitalario, cercano, donde todos eran bien recibidos y siempre había en el comedor algo para picar, un chorizo casero, un café, un refresco, unos dulces o un licor ‘cointreau’ elaboradopor ella. Llevaba a la práctica el mensaje de San Agustín: “Al final se nos juzgará no por la cantidad de acciones sino por los kilos de amor que hayamos puesto en nuestro trabajo del día a día”.
Murió a los 93 años de edad, el día 6 de enero pasado. Su fallecimiento supuso un gran impacto emocional en su pueblo y alrededores. Todos conocían a Chari, todos querían dar el pésame a sus hermanos e hijos, todos se acercaban al féretro para dar el último adiós. En el funeral celebrado en la parroquia Santa María de la Asunción de Los Arcos, no había espacio para albergar a tantas personas en la iglesia. Presidió la Eucaristía su hermano fray Carlos y concelebraron once sacerdotes, la mayoría agustinos recoletos.
Fray Carlos, emocionado, quiso resaltar en su homilía tres cosas de Rosario: su profunda religiosidad y vida de fe, el sentido de unidad familiar y su hospitalidad. Todos los días participaba en la misa, ya fuera presencial o por televisión. Por otra parte, afirmaba: “Yo me siento satisfecha cuando estamos todos los familiares reunidos. Las penas se aligeran si vivimos todos en paz”. Chari era la alegría de la casa, sus puertas siempre abiertas y dispuesta a entregarse a los demás, por eso se llevaba bien con todos.
Nada mejor que finalizar con las palabras de San Agustín, sobre su madre Santa Mónica, en su libro Confesiones: “Ella no había muerto del todo; de lo cual nosotros estábamos seguros por el testimonio de sus costumbres, por su fe no fingida y otros argumentos ciertos”. Descanse en paz.
María Esperanza Artigas Ramo, una vida dedicada a la enseñanza
Decía el cantautor argentino, Atahualpa Yupanqui: “No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo miedo es al trance, el ir hacia lo desconocido. Confieso, por otra parte, que tengo curiosidad por saber de qué se trata”. La muerte es algo que siempre ha inquietado y preocupado a la humanidad, por eso es esencial dar sentido a nuestra vida, así como al propio fallecimiento. Esperanza tenía claro su existencia y su muerte.
María Esperanza Artigas Ramo nació el 28 de enero de 1950 en Zaragoza. Sus padres Esperanza y Lorenzo siempre primaron el dar una buena formación a sus hijas Alicia y Esperanza. Desde pequeña disfrutaba dando explicaciones a los niños, por eso estudio Magisterio, de manera que en 1968 finalizó la carrera y aprobó las oposiciones como maestra nacional. En el mismo año inicia su primer destino en San Jorge (Huesca).
A veces la vida, cuando te sonríe, te da un aviso y Esperanza lo experimentó al fallecer su madre el 13 de enero de 1969 a los 49 años. Esta ausencia le obligó a solicitar la excedencia y regresar a Zaragoza para acompañar a su padre y a su hermana Alicia, ocho años menos de edad. Siempre inquieta por superarse en los estudios, compaginó sus tareas domésticas y familiares con los cursos nocturnos en la Universidad de Zaragoza. Fruto de su tesón, finalizó la licenciatura en Geografía e Historia en 1975.
En los encuentros entre universitarios, conoció a José Manuel y comenzó su noviazgo, de manera que el 31 de julio de 1976 contraía matrimonio en la parroquia de San Braulio de Zaragoza con José Manuel Nava Zugarrondo, psicólogo clínico, natural de Pamplona, por lo que Esperanza tuvo que ejercer su profesión en Navarra.
Durante su vida docente en la Comunidad Foral recorrió los colegios nacionales de Ave María en Pamplona, Ansoáin, San Jorge y José María Huarte en la capital. En 1995, con la implantación de la LOGSE y el nuevo ciclo de ESO, donde los alumnos de 12 a 14 años se trasladaban a los institutos, pasó a ser profesora del área de Ciencias Sociales en Plaza de la Cruz, hasta su jubilación en 2010.

Aficionada a la historia, trabajó en el Archivo Histórico de Navarra con documentos de la Guerra Civil; del año 2015 a 2017 fue responsable de la vocalía de viajes y excursiones culturales, con itinerarios por toda España y al extranjero, como a Islandia, Bulgaria, Creta, Nápoles y Etiopía. Yo tuve la suerte de participar con ella y viajar a Egipto, Uzbekistán, Irán o Turquía, así como a los distintos lugares de la península con el Grupo Monjardín. Casi siempre viajaba con su amiga del alma, Carmina Cuevas., que está muy afectada.
Esperanza, con sus 35 años de docencia ha demostrado su entrega y experiencia profesional, así como su implicación en la vida diaria de sus alumnos. Su mesa siempre disponía de una silla vacía donde cualquier joven podía ir a solicitar un consejo. En sus últimos nueve años disfrutó de la compañía de su esposo José Manuel, de su hija Diana y, sobre todo, de los paseos con sus dos nietas Greta y Ágata por las calles y museos de Madrid, donde vive su hija.
En los viajes, he pasado muchas horas a su lado y he aprendido de ella que la sonrisa, la actitud positiva y la mano tendida al que tienes a tu lado son tres pilares básicos para construir tu proyecto de futuro. Amaba su tierra aragonesa y sus jotas con timbre de voz metálico, dulce y penetrante me provocaba un nudo en la garganta y los pelos de punta.
Esta era “la Artigas” en tono cariñoso para los alumnos, Esperancita para los amigos. Se nos ha ido media vida, pero nos queda su recuerdo, su carita alegre y los buenos momentos vividos a su lado.
Falleció el 1 de octubre pasado y el tanatorio y la iglesia de San Vicente Paúl se quedaron chicas para albergar tanta expresión de amor hacia Esperanza.
El apoyo a José Manuel, a su hija Diana y a sus nietas Greta y Ágata será nuestro compromiso para superar este amargo trance. Como dice San Agustín: El día de tu muerte tus posesiones pasarán a manos de otros con un vacío total. Pero lo que tú eres, lo que has conseguido, lo que has hecho en tu vida, será tuyo para siempre”. Descanse en paz.

