María Esperanza Artigas Ramo, una vida dedicada a la enseñanza

Decía el cantautor argentino, Atahualpa Yupanqui: “No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo miedo es al trance, el ir hacia lo desconocido. Confieso, por otra parte, que tengo curiosidad por saber de qué se trata”. La muerte es algo que siempre ha inquietado y preocupado a la humanidad, por eso es esencial dar sentido a nuestra vida, así  como al propio fallecimiento. Esperanza tenía claro su existencia y su muerte.

María Esperanza Artigas Ramo nació el 28 de enero de 1950 en Zaragoza. Sus padres Esperanza y Lorenzo siempre primaron el dar una buena formación a sus hijas Alicia y Esperanza. Desde pequeña  disfrutaba dando explicaciones a los niños, por eso estudio Magisterio, de manera que en 1968 finalizó la carrera y aprobó las oposiciones como maestra nacional. En el mismo año inicia su primer destino en San Jorge (Huesca).

A veces la vida, cuando te sonríe, te da un aviso y Esperanza lo experimentó al fallecer su madre el 13 de enero de 1969 a los 49 años. Esta ausencia le obligó a solicitar la excedencia y regresar a Zaragoza para acompañar a su padre y a su hermana Alicia, ocho años menos de edad. Siempre inquieta por superarse en los estudios, compaginó sus tareas domésticas y familiares con los cursos nocturnos en la Universidad de Zaragoza. Fruto de su tesón, finalizó la licenciatura en Geografía e Historia en 1975.

En los encuentros entre universitarios, conoció a José Manuel y comenzó su noviazgo, de manera que el 31 de julio de 1976 contraía matrimonio en la parroquia de San Braulio de Zaragoza con José Manuel Nava Zugarrondo, psicólogo clínico, natural de Pamplona, por lo que Esperanza tuvo que ejercer su profesión en Navarra.

Durante su vida docente  en la Comunidad Foral recorrió los colegios nacionales de Ave María en Pamplona, Ansoáin, San Jorge y José María Huarte en la capital. En 1995, con la implantación de la LOGSE y el nuevo ciclo de  ESO, donde los alumnos de 12 a 14 años se trasladaban a los institutos, pasó a ser profesora del área de Ciencias Sociales en Plaza de la Cruz, hasta su jubilación en 2010.

Aficionada a la historia, trabajó en el Archivo Histórico de Navarra con documentos de la Guerra Civil; del año 2015 a 2017 fue responsable de la vocalía de viajes y excursiones  culturales, con itinerarios por toda España y al extranjero, como a Islandia, Bulgaria, Creta, Nápoles y Etiopía. Yo tuve la suerte de participar con ella y viajar a Egipto, Uzbekistán, Irán o Turquía, así como a los distintos lugares de la península con el Grupo Monjardín. Casi siempre viajaba con su amiga del alma, Carmina Cuevas., que está muy afectada.

Esperanza, con sus 35 años de docencia ha demostrado su entrega y experiencia profesional, así como su implicación en la vida diaria de sus alumnos. Su mesa siempre disponía de una silla vacía donde cualquier joven podía ir a solicitar un consejo. En sus últimos nueve años disfrutó de la compañía de su esposo José Manuel, de su hija Diana y, sobre todo, de los paseos con sus dos nietas Greta y Ágata por las calles y museos de Madrid, donde vive su hija.

En los viajes, he pasado muchas horas a su lado y he aprendido de ella que la sonrisa, la actitud positiva y la mano tendida al que tienes a tu lado son tres pilares básicos para construir tu proyecto de futuro. Amaba su tierra aragonesa y sus jotas con timbre  de voz metálico, dulce y penetrante me provocaba un nudo en la garganta y los pelos de punta.

Esta era “la Artigas” en tono cariñoso para los alumnos, Esperancita para los amigos. Se nos ha ido media vida, pero nos queda su recuerdo, su carita alegre y los  buenos momentos vividos a su lado.

Falleció el 1 de octubre pasado y el tanatorio y la iglesia de San Vicente Paúl se quedaron chicas para albergar tanta expresión de amor hacia Esperanza.

El apoyo a José Manuel, a su hija Diana y a sus nietas Greta y Ágata será nuestro compromiso para superar este amargo trance. Como dice San Agustín: El día de tu muerte tus posesiones pasarán a manos de otros con un vacío total. Pero lo que tú eres, lo que has conseguido, lo que has hecho en tu vida, será tuyo para siempre”. Descanse en paz.