Día Mundial de los Docentes

Decía el historiador Henry Adams: El maestro deja una huella para la eternidad, porque sus enseñanzas van más allá de su vida”. Y el psicólogo Jean Piaget: “Los profesores se pasan muchas noches planificando contenidos, muchas mañanas explicando temas, la mayoría de sus tardes corrigiendo los trabajos y durante toda su vida animando, motivando y dando cariño a sus alumnos”.

Los citados autores y cientos más de ellos nos advierten desde sus libros, desde sus conferencias y desde sus redes sociales de la importancia del educador en la vida escolar de los estudiantes.

Esta es la razón por la que el 5 de octubre de 1966 la Unesco y la OIT organizaron la “Conferencia Intergubernamental Especial sobre el Estado de los Docentes” para discutir sobre los deberes, pero, principalmente, sobre los derechos del gremio docente a nivel mundial. El evento anual se celebra desde 1994.

Por tanto, desde hace tres década la labor del maestro ha ido ganando importancia, no así desde algunas de las instituciones y de los gobiernos, ya que las recientes leyes y proyectos educativos no cuidan ni protegen la  autoridad de los profesores para que desarrollen su actividad con total garantía.

Prueba de esa labor fundamental de enseñar ha sido la inclusión, en cuarto lugar, de uno de sus objetivos en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible: Educación de calidad.

El año 2022 el lema fue: “La transformación de la educación comienza con las y los docentes”; en el año anterior: “Los docentes en el centro de la recuperación de la educación”. En el 2020, “¡Docentes! liderad en situaciones de crisis, reinventad el futuro”. Estas consignas son una prueba de que es una de las profesiones más valiosas, porque tienen en sus manos formar a los jóvenes del futuro para construir un mundo más igualitario.

Al final de cada curso escolar debemos rendir homenaje y valorar la labor de los maestros, profesores y orientadores de todo el mundo, ante la amenaza diaria que sufren, física y verbalmente, de algunos miembros de la comunidad educativa, sin olvidar la incertidumbre y poca valoración que reciben. Durante el COVID-19 los docentes se enfrentaron a nuevos retos nunca vistos con el objetivo de llevar la enseñanza a todos los rincones de cualquier barrio o pueblo aislado con el fin de crear un mundo más sostenible.

El lema de este año 2023 es: “Los docentes que necesitamos para la educación que queremos: el imperativo mundial de acabar con la escasez de docentes”. Es una llamada para que aumente la profesión educativa, que disminuye cada día por la dificultad que encierra: mantener el orden y la disciplina en el  aula, formar a estudiantes con capacidades dispares,  encontrar un escenario plurilingüe, practicar destrezas transversales, utilizar con proporcionalidad el uso de las TIC y la escasez de personal de apoyo. Pero sobre todo se echa en falta el poco respeto a su figura.

Sin duda que también los profesores cometen errores y que se aprende de las equivocaciones. Por eso hay que escuchar activamente a los alumnos, poner el foco en el proceso y no en el resultado, antes mediar que sancionar; en definitiva, fomentar con más frecuencia el debate con crítica, autorreflexión e independencia.

Porque el alumno es el protagonista del proceso en conexión entre inteligencia y emociones, con el fin de  priorizar  destrezas y habilidades antes que memorizar por memorizar.

Ahora bien, como dice el escritor Celestin Freinet “la escuela ya no es el único lugar donde se mueve el estudiante, el edificio es la parte más pequeña de nuestra educación”. Nos referimos ya a una escuela abierta, donde el aprendizaje se convierte en proyectos, donde se incrustan todas las asignaturas. Cada alumno aprende a su ritmo (velocidades), con el desarrollo de sus múltiples inteligencias. Nos replanteamos qué aprender, cómo y para qué. Hablamos de un “claustro universal” donde participa también el entorno social, alternando tradición con renovación.

Sin embargo no podemos llamar revolución educativa a cambiar solo los nombres, como un barniz, cuando el significado es más antiguo que el hilo negro. A los directores se les denomina arquitectos; a los orientadores, entrenadores (coaches); a los profesores, diseñadores y a los alumnos, aprendices.

Estas innovaciones, donde el alumno es el principal actor de la escena, nunca deben estar reñidas con el hábito del esfuerzo y, sobre todo, mantener la autoridad y respeto al maestro, que es parte fundamental en los procesos educativos. Se educa y se aprender en casa, en la escuela y en el entorno social.

Luis Landa El Busto, licenciado en Ciencias Humanas