Día Mundial contra la explotación sexual

La Agencia 2030 para el Desarrollo sostenible, dependiente de la ONU y de los Estados miembros, propone como prioridad la dignidad de la infancia  y la no violencia. Proclamó el 18 de noviembre el “Día Mundial para la Prevención de la Explotación, el Abuso y la no Violencia Sexuales contra los Niños y la Sanación de sus efectos”. En muchos países es ya, por desgracia, una constante la explotación, la trata, el abuso, la tortura, el matrimonio infantil  y la mutilación genital femenina.

Muchos jóvenes son víctimas de conductas sexuales no propias de este siglo, porque por encima de toda sociedad está la ética, la dignidad de la persona. Son, sobre todo, las niñas las que están obligadas a relaciones  forzadas o una explotación sexual incontrolada. Estos hechos provocan en edades tempranas un desajuste físico, mental y sexual.

Estas violaciones o agresiones sexuales degradantes e inhumanas de infantiles y adolescentes van en contra de los derechos humanos; por eso, los profesionales sanitarios son los mejores embajadores para mostrar las repercusiones físicas y los traumas mentales que provocan.

La vergüenza a denunciarlo trae consigo el no revelar los hechos o adentrarse en los juzgados, con lo cual no es posible la rehabilitación ni el apoyo de especialistas en la materia.

En pleno siglo XXI es el momento de terminar con la explotación sexual a través de prevención primaria y detenerlo antes de que suceda; combatir los factores de riesgo a nivel individual, comunitario y de la sociedad. Los que superan esta estigmatización deben tener acceso a la justicia y llevar a efecto una eficaz reparación.

Según las últimas estadísticas, más de 120 millones de mujeres menores de 20 años han sufrido relaciones sexuales no consentidas. La violencia sexual contra los varones menores de 18 años va aumentando y oscila entre una media del 10%. En el continente africano, uno de cada cuatro niños y niñas menores de 5 años vive con una madre víctima de violencia de género, fruto de su pareja; es más, uno de cada 20 varones ha tenido contactos con niñas de 12 años, sabiendo que eran menores de edad.

A partir de 1953, UNICEF ha trabajado en más de 200 países, dedicada especialmente a los más desfavorecidos. Todos estos niños y niñas violados tienen más probabilidades de convertirse en agresores o llegar a un intento de suicidio.

Navarra no es ajena a esta realidad, ya que hay mujeres adultas y niñas menores que son conducidas a clubs, pisos de citas, masajes especiales y zonas callejeras. Aunque aparentemente digan que lo hacen voluntariamente, no es así ya que se ha producido un fraude, un engaño, coacción o abuso de poder. Han sido reclutadas, explotadas por personas con poder adquisitivo con amenazas veladas. Los hombres adscritos a la prostitución se han convertido en consumidores de cuerpos, que no piensan en la situación económica de ellas y tratan a las mujeres como objetos de usar y tirar.

En suma, parte de la responsabilidad es de la sociedad, considerada puritana, no obstante  hace la vista gorda, tolera y mantiene el capricho de poder consumir “carne” a cualquier hora del día. Doble cara y es en la trastienda donde se cometen toda clase de tropelías.

Como decía el humanista norteamericano Gordon Allport: “La peor lucha contra la explotación del cuerpo humano es la que no se hace, porque no es amor, es control, es abuso y el silencio también es violencia. Hay personas que se aprovechan de los privilegios, aunque en primer lugar esté el derecho a la igualdad de todo ser humano”. 

Luis Landa El Busto, escritor e historiador