Las fiestas abertzales de los barrios de Pamplona

La organización de las fiestas de los barrios de Pamplona, en primavera y verano, es ya una costumbre. El objetivo de estos quince colectivos es en teoría divertir y alegrar a los vecinos, sin embargo se ha convertido en un mitin ideológico maratoniano que dura jueves, viernes, sábado y domingo. Es un chollo porque tienen subvenciones generosas, gracias al alcalde Asiron, hacen negocio con el bar y restaurante sin justificaciones. Realizan una revista de anuncios con inclusión del programa, sin depósito legal ni ISBN, con la “colaboración forzosa” de las tiendas con pago en metálico, sin factura y sin IVA. ¿Dónde están los permisos de sanidad para cocinar txistorra, panceta o pintxos calientes?

Todo se inició en 1919 con la Plataforma Auzoak que, sin permiso del ayuntamiento, se inventaron la semana cultural para obtener la participación activa de los barrios. Por desgracia, pronto se transformó “en el txiringuito de los abertzales”. Campan a sus anchas los bildus y asociaciones en pro de Euskalherria, de la independencia y la autodeterminación, de la ikurriña y de la lengua vizcaína. Incluso han desechado el pañuelico rojo, típico de los sanfermines y de las fiestas populares navarras, y utilizan el pañuelo a cuadros de color azul, negro y blanco, llamado también “servilleta, kashero o moquero”, propio de los eventos vascos, que ya se masificó en San Fermín Chiquito. Estos detalles son un paso más de Navarra hacia las provincias vascongadas.

Este año han comenzado con la Txantrea y han roto todas las normas de convivencia y buen hacer, colocando carteles en favor de los presos de ETA en las txoznas de la Plaza Ezkaba. UPN ha denunciado la permisividad
y el silencio de Asiron, exigiendo la inmediata retirada de estas consignas. Suponen una nueva humillación a las víctimas del terrorismo. De la Txantrea se pasan en mayo a organizar las fiestas de Iturrama, San Juan, Azpilagaña, Mendillorri, Buztintxuri, La Milagrosa, Ermitagaña- Mendebaldea, Rotxapea, San Jorge, Ensanche y algunos pueblos colindantes con más de mil actos.

Auzoak tiene un objetivo: Que Pamplona sea popular, feminista, nacionalista y euskaldun. Y el ayuntamiento, con Asiron a la cabeza, ¿por qué no pone freno a estas irregularidades? ¿Y los vecinos con otras ideologías tienen que aguantar la “manifestación continua abertzale” durante los cuatro días? ¿No se pueden realizar unas fiestas para niños, adultos y mayores sin tintes políticos y sin pancartas ideológicas? Además del perjuicio económico que estos txiringuitos causan a los comerciantes del barrio, ¿por qué no se auditan los ingresos en efectivo para que se cumplan los requisitos que son obligatorios para el resto de ciudadanos autónomos?

Si las leyes no son similares para todos, la sociedad se deshumaniza y la igualdad se quiebra de forma que el incumplimiento se convierte en una forma regular y habitual de vida. Se calcula que en estas fiestas de los barrios la participación de los vecinos es mínima, ya que las asociaciones abertzales se desplazan a los distintos lugares, satisfechos de la promoción euskaldun y ejecución de sus ideas autodeterministas

Como diría socarronamente el director de cine americano Daniel Stern: “Si de una fiesta se retirasen todos los que vienen por compromiso o se aburren y de un entierro se marchasen los que no sienten ningún pesar ni llanto, no habría ni fiestas ni funerales”.

DN 26 de Mayo de 2025

Luis Landa El Busto, escritor e historiador