La reforma del Monumento a Los Caídos de Pamplona ha sido y es el debate de varias legislaturas. Sin embargo Asiron ha querido finalizar su mandato con una desacertada solución y sin consentimiento de los ciudadanos. La decisión ha sido precipitada, sin base histórica y una manera de reivindicar su ideología y sesgado pensamiento. ¿Por qué no mantener el continente si se modifica el contenido?
Esta izquierda progresista y feminista desea lavar la cara y criticar la erección del monumento, ridiculizar la cultura de la guerra e insistir en los muertos que provocó el franquismo, pero silenciando los fallecidos impulsados por los republicanos. Es decir, tergiversar y anular parte de la historia.
Es una cortina de humo y una auténtica trampa de Asiron, en connivencia con el PSN, ya que quieren llenar cada una de las salas de símbolos “democráticos y progresistas”, pero en el fondo se transformará en memoria de “la nefasta actuación de los sublevados en la guerra civil”. Es convertir su poder de izquierdas en una máquina de ideas, de críticas y de voluntades para demostrar que ese pasado fue horroroso al derrocar a la República. Con la excusa de la memoria democrática, se cuestionará la legitimidad de algunos regímenes pasados, incluso se utilizará la palabra repulsa.
Resignificar Los Caídos supone para Asiron hacer visible lo que aparentemente se quiere ocultar y así despreciar y vomitar ese pasado. Se va a transformar el edificio para dar sensación de limpieza, de amabilidad, pero en el fondo los paneles se encargarán de “criticar el pasado y extender por las salas la sangre derramada por culpa de los sublevados”. Es el lavado de ese hedor a rancio con un relato nuevo, con decorados modernos, pero en el fondo se trata de una envoltura democrática, visualizando los aspectos negativos de los vencedores. Pretenden recrearse y gozar de este poder progresista, que ha cambiado el relato.
La resignificación, insisto, es alterar, invertir y conseguir que lo que fue opresión, muerte y alteración se transforme en testimonio, que el terror que se había vivido, reflejado en estas piedra, se modifique en memoria crítica, que el poder fascista del franquismo se invierta en democracia histórica.
¿Acaso con la reforma del monumento van a ser capaces de limpiar el simbolismo de este edificio, donde miles de personas voluntarias derramaron la sangre por defender los ideales de un país?
Esta resignificación de Los Caídos es un acto político, que enmascara una ideología concreta y que se sirve del edificio para aparentar una reforma sin contar con la aquiescencia de los ciudadanos y con 10 millones de sus bolsillos.
Estos grupos políticos quieren deshacerse de épocas de poder dictatorial y caen en sus mismos errores, destruyendo vestigios que dentro de varios siglos tendría un gran valor patrimonial. ¿Borramos los ocho siglos de Historia de Navarra como reino, porque Sancho el Mayor, los Teobaldos o Juan II despilfarraron las arcas en beneficio propio y gobernaron con absoluto poder? ¿Por qué no contemplamos el edificio como espejo de la injusticia cometida en ambos bandos y el sufrimiento de todas las víctimas de esta guerra?
Pensemos en la resignificación de Los Caídos, sin reforma arquitectónica, con un nuevo concepto de nuestro pasado al servicio del futuro de Navarra. Frente a la muerte, violencia y rencor aspiremos hacia una sociedad donde brille la cultura, el respeto y la responsabilidad. Al destruir el pasado nos quedamos sin historia, sin vida, sin recuerdos. Perdemos la memoria y caemos en el Alzheimer histórico y un pueblo sin pasado, sin información es un pueblo sin opinión. ¿Vamos a consentir que este ayuntamiento nos condene a repetir nuestra historia por malos estudiantes?
Luis Landa El Busto, escritor e historiador
Diario de Navarra 06/06/2026

