“Il dolce far niente” en vacaciones

Estamos en plena canícula, donde el sol aprieta, pero las vacaciones y el relajo superan y olvidan los obstáculos; no obstante son fundamentales para comenzar septiembre con nuevos bríos. Verano es sinónimo de diversión, descanso, desconexión o relax. Navegamos por una estación de luz con temperaturas cálidas, donde los días se eternizan y las noches y la luna se quejan de su cortedad.

Hay muchas formas de pasar las vacaciones, sin embargo los italianos tiene un dicho que resume el objetivo de muchos ciudadanos: “il dolce far niente”, es decir, verano es sinónimo del placer de no hacer nada, tumbarse en un sillón contemplando pasar la vida, anular a la cabecita pensante, reposar cuerpo y alma sin sentirse culpable. “Tener todo el día para no hacer nada”, escribía el humorista Orben. Se trata de disfrutar del instante, desconectar de nuestras obligaciones para no pensar en los problemas del presente o de los  remordimientos del pasado. En otras palabras, gozar del aburrimiento, deleitarse de las horas muertas y anular el  pensamiento.  El filósofo Sartre afirmaba que la nada es un concepto fundamental que se define como la ausencia o inexistencia de algo.

Ante esta actitud pasiva nos preguntamos ¿no es un poco irresponsable tirarse  a la  bartola y holgazanear durante semanas? Al dejar el empleo al margen  es momento de cambiar de actividad: viajar, pasear por el campo o la playa, leer o compartir ratos con los familiares y amigos. Sin olvidar reflexionar o meditar sobre nosotros mismos para obtener una cierta respuesta de satisfacción, felicidad o, por el contrario, de frustración.

Dice el profesor de la universidad de Harvard, Arthur Brooks, “que la felicidad no debe consistir en un estado constante de euforia y de logros tangibles, como el dinero o el estatus social, sino en equilibrar nuestros proyectos reales con la renuncia a todo lo que está fuera de nuestro dominio”. Es decir, alcanzar un bienestar emocional, aceptando que no podemos controlar todos los aspectos de la vida y, por eso, rendirnos ante nuestros límites personales.

Es un binomio entre acción y rendición con el fin de concentrarse en lo que se puede conseguir y humillarse ante lo que es imposible alcanzar. Para ello hay que encaminar las fuerzas  hacia los cambios posibles y reconocer nuestras fronteras.

Se trata de tener un espíritu positivo, de disfrutar de los pequeños detalles, de placeres efímeros o momentáneos y estar satisfechos de nuestras propuestas. Si a todas estas complacencias primarias le añadimos un sentido trascendente o religioso, comprenderemos que la existencia de toda persona tiene valor, que merece la pena vivir en plenitud con sus múltiples atractivos. “Cuando uno no encuentra descanso en sí mismo, es inútil buscarlo en las vacaciones”,  escribía el filósofo americano Rochefoucauld.

Las vacaciones son espacios de reflexión para convencernos de que el éxito en nuestro desempeño laboral no es el preludio de la felicidad, porque el exceso de trabajo nos lleva a llenar la cartera de dinero, pero carecer de un bienestar personal que produce  estrés y  agotamiento.

Afirma el orador Brooks que “los cuatro pilares para conseguir nuestra satisfacción personal deben ser: sentido trascendente, la familia, la comunidad y un trabajo digno, porque el éxito no asegura nuestra felicidad”.

Nada mejor para finalizar que escuchar al escritor Mark Twain: ”La clave para tener éxito en la vida es disfrutar de tu trabajo, como si estuvieras de vacaciones”.

Luis Landa El Busto, escritor e historiador