Hacia la esencia de los Sanfermines

«Conservemos en un maridaje perfecto la tradición religiosa y de hospitalidad con el disfrute de los cinco sentidos del cuerpo»

Todos  somos conscientes de la riqueza social, cultural y artística de Navarra. Para ello nos basamos en la importancia de preservar, transmitir y estudiar las tradiciones y las fuentes escritas de nuestros ancestros. Y la fiesta de San Fermín se encuentra en este ámbito de hermanar tradición y últimas investigaciones.

Todo comenzó con la difusión del cristianismo en Occidente, entre los siglos I y III, concretamente con una familia pagana compuesta por cinco miembros, cuya cabeza visible era Firmo, en la ciudad romana de Pompaelo, donde uno de los hijos, Firminus, se convertiría en obispo y mártir de la fe de Jesucristo, gracias al predicador Saturnino. ¿Quién se imaginaba que el pamplonés Fermín, siglos más tarde, se iba a proclamar en el patrón y en el centro de las fiestas de su ciudad? Sin embargo estamos en el año 2025 envueltos en una vorágine de miles de personas y medios de comunicación que desbordan nuestras previsiones.

Son muchos los detalles en los que podemos detenernos: El chupinazo, el encierro, la procesión, las peñas, el blanco y rojo, los fuegos, gigantes y cabezudos, las charangas y las orquestas y, finalmente, el Pobre de mí. ¿Estamos dispuestos a participar en unas veladas espectaculares, únicas en el mundo, con un turismo masificado que se expande por Pamplona? Aprovechemos, al menos, en difundir nuestro patrimonio histórico, cultural, gastronómico y paisajístico.

Ante esta avalancha de personas, nos preguntamos ¿cuál es la esencia de los Sanfermines? Llevamos varias generaciones aferrados a siglos de tradiciones, no obstante ¿abrimos las puertas a nuevas sensibilidades y corrientes ideológicas? Por eso la pregunta es: ¿Adaptamos los nuevos movimientos a los Sanfermines o los Sanfermines tienen que acomodarse a los tiempos modernos? Porque esta fiesta universal e internacional puede morir de éxito. No hay discusión que, desde el plano histórico, el culto a las reliquias de San Fermín (vísperas, procesión, misa y octava) ha sido el fundamento de la celebración. En la actualidad, han dejado de ser fiestas patronales para convertirse en eventos populares. Los bares y discotecas dejan de emitir música sanferminera para escuchar las nuevas modas melódicas. Por desgracia, corren voces y vídeos para dejar fuera del programa al encierro, al santo y su procesión. No obstante, son los actos más emotivos, joteros, entrañables y participativos del evento.

En estos cinco siglos de vivencias, “las fiestas ya no son lo que eran”. Por eso conservemos en un maridaje perfecto la tradición religiosa y de hospitalidad con el disfrute de los cinco sentidos del cuerpo. Como diría Julio Caro Baroja, San Fermín da identidad y pertenencia a un grupo con carácter. Por eso los Sanfermines deben ser una prolongación durante el año, para convertir a Pamplona en camino jacobeo, acogida universitaria, atractivo turístico, tumba de reyes y princesas, encuentro de culturas, inspiración gastronómica y diversidad paisajística entre un norte verdoso y un sur bardenero.

Tampoco podemos exigir unas fiestas puristas sin adendas, porque en la diversión está incluida la frase de Plinio el Viejo, “in vino veritas”, es decir, cercanía y alegría festiva pero con respeto, mostrando el niño que tenemos dentro. Porque cuando salimos de casa, en blanco y rojo, ya llevamos el programa incluido en el corazón.

Ya lo decía Hemingway: “En el momento en que te atas el pañuelico rojo al cuello, adquieres la ciudanía y el carnet de pamplonica en la fiesta más universal del mundo”.

Luis Landa El Busto. Escritor e historiador