Todas las personas aspiramos a tener un entorno pacífico, de buen ambiente entre familiares, vecinos del barrio y entre ciudadanos en general. Deseamos llevarnos bien, aunque pueda haber ciertas disonancias.
No obstante, si nos referimos a la política navarra hemos pasado de la contención a la crispación y ya son palabras mayores. Porque crispar supone un grado más de enfadarse, es decir, irritar, exasperar, incluso llegar a enfurecerse. En los círculos sociales el ambiente ha subido de tono y hablamos de hostilidad, de alta tensión, de enfrentamiento. Las posturas se han polarizado de manera que obstaculizan el acuerdo, el diálogo y el debate.
En la última encuesta realizada por el Gobierno de Navarra en la Comunidad Foral se aprecia que los tres primeros problemas de los navarros son la sanidad (38,8%), la vivienda (36,4%) y el paro (14,8%)
Pero fundamentalmente preocupa a los navarros el enfrentamiento político que también se vive a nivel nacional. Sin duda que la presunta corrupción del caso Cerdán y Koldo han influido en el malestar general, no obstante no debería ser óbice para tanto enfado. La encuesta es diáfana, ya que un 65% de los navarros considera que la crispación política es “muy mala” para el desarrollo social y económico y siete de cada diez navarros están muy preocupados por esta hostilidad.
Aunque el 87% de los navarros prefiere la democracia a otras formas de gobernar, es significativo que solo el 48,4% tiene confianza en el actual Gobierno socialista. ¿Significa que más de la mitad de los navarros no aprueba la forma de actuar del Ejecutivo? Seguimos con la encuesta y únicamente el 38,2% de navarros da el visto bueno al Parlamento foral. Con respecto a los partidos políticos, solo el 12,3% tiene confianza en ellos.
Estos tres datos nos arrastran al pesimismo y son una prueba palpable del deterioro de las instituciones forales. Los navarros no dan validez ni al Gobierno, ni al Parlamento, ni a los partidos políticos. Es más, la crispación política entre ellos no gusta a sus votantes, ese malestar se transmite a la calle y repercute y daña gravemente la convivencia ciudadano. Repito, es gravísimo que las dos instituciones más importantes, Gobierno y Parlamento, son rechazables por más de la mitad de los navarros.
Por otro lado, ¿cómo explicamos a la sociedad navarra que más del 87% de los encuestados no aprueba, mejor dicho, rechaza a los partidos políticos? Algo estarán haciendo mal. ¿Es una advertencia? ¿Hay que reducir el parlamento y eliminar la profesionalización? ¿Mediocridad? ¿Listas abiertas, período máximo de dos legislaturas?
El pueblo es soberano y es un aviso serio, indicando que los comportamientos o actuaciones del Ejecutivo, Parlamento y agrupaciones políticas nos son apropiados para que Navarra mejore en calidad de servicios, en infraestructuras y en sanidad y educación.
Además la encuesta nos señala que la sociedad está dividida en dos navarras a partes iguales. Los que suspiran por integrar a la Comunidad foral en Euzkadi, como independiente; por el otro lado, los navarros que se definen como autonomía, pero dentro de España y de la Comunidad europea.
Cuando el proyecto de unidad de Navarra se rompe, cuando se pone en discusión la Navarra foral y solidaria, cuando dos ideologías se enfrentan por un mismo espacio, una parte de la sociedad se acurruca y la otra se agiganta por conseguir su objetivo.
Es el momento de serenar el ánimo y que ninguna institución ni partido echen leña el fuego, porque generaría mayor crispación. Y la crispación enerva el cerebro y se pierden los modos normales de actuar. Seamos sensatos y que las urnas nos den el veredicto.Luis Landa El Busto, escritor e historiador

